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VIAJEROS URBANOS

Perderse por los cerros de Bogotá

En menos de 30 minutos se puede pasar del tráfico y el ruido de la urbe a la apacible naturaleza de los cerros orientales

Estos cerros son una excelente referencia cuando se está perdido en la ciudad. / Toya Viudes

Bogotá me gusta por su ritmo, el anonimato y la libertad que me da, los mil planes que siempre hay por hacer y por sus cerros orientales que la bordean, a dos pasos de mi casa, y a los que me escapo cada vez que puedo a respirar aire puro.

Símbolo de la ciudad, estos cerros son parte de la cordillera oriental de los Andes, ocupan un área de unos 14.000 cuadrados, tienen picos de 3.600 metros de altura y más de 130 fuentes de agua. Sirven de pulmón, paran los vientos, son la principal reserva de agua y una excelente referencia cuando se está perdido. En Bogotá las carreras van paralelas a estos montes, empezando por la 1ª, la más cercana al cerro, y en orden ascendente hacia el occidente de la ciudad. Por el contrario, las calles discurren perpendiculares a los cerros, empezando por la número 1, en el barrio de La Candelaria, y ascendiendo hacia el norte. Así que cuando uno no tiene ni idea dónde está, busca los cerros y se orienta.

Los indígenas muiscas los cuidaron celosamente porque para ellos eran sagrados, pero llegaron los españoles y talaron bosques enteros para construir la nueva ciudad colonial. Y hasta obligaron a las comunidades indígenas a aportar una cuota determinada en cargas de leña que se llamó mita de leña. Esta salvaje deforestación se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Dicen que poco queda ya de sus frondosos bosques, plantas, sus cristalinas aguas, caudalosas lagunas y ríos. Pero al caminar por aquí uno se siente como si estuviera en medio de la jungla.

Participantes en una excusión de Caminantes del Retorno.

Para subir a los cerros hay varios senderos. El más recomendable es el de la Quebrada de la Vieja, que comienza en la calle 72, zona muy céntrica de la ciudad; en menos de media hora le saca a uno del caos, del tráfico de locos y del ruido, para situarle en plena naturaleza. Eso sí, requiere madrugar: la entrada donde empieza la subida la cierran a eso de las diez de la mañana. Si no se quiere ir solo, Caminantes del Retorno organiza salidas todos los martes y jueves. ¡Y a disfrutar del paseo!

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