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10 fenómenos naturales asombrosos

De una ola gigante en el Amazonas a piedras que corren en un desierto de California

El fenómeno 'racestock', piedras que 'corren' por el desértico Death Valley, en California. / AGE

La Naturaleza es siempre sorprendente, pero a veces el conejo que sale de la chistera es verdaderamente extraordinario. Fenómenos inexplicables, eclipses únicos, relámpagos fantasmales, mareas descomunales… una invitación a los viajeros para vivir momentos extraordinarios.

01 Eclipse total en Cairns

Queensland, Australia

Eclipse total de sol. / NASA

No es fácil vivir un eclipse total de sol, uno de los espectáculos más impresionantes de la naturaleza. Los eclipses solares acontecen un par de veces cada año pero el eclipse total solo se puede ver desde muy pocos lugares de la tierra. El 12 y el 14 de noviembre del 2012 se producirá uno de estos fenómenos y uno de los mejores lugares para contemplarlo de forma completa será Cairns, en el extremo noreste de Queensland. Cairns es además un popular centro turístico para visitar la Gran Barrera de Coral, a menos de una hora en barco.

Todos los detalles para planificar un viaje coincidiendo con las actividades que se celebrarán en Cairns están en www.eclipsecairns.com

02 El Relámpago del Catatumbo

Venezuela

Dando un largo salto de la Antártida al trópico, encontramos el extraño fenómeno del Relámpago del Catacumbo, una fantasmagórica y silenciosa tormenta eléctrica de fuertes relámpagos sin truenos, en la cuenca del lago de Maracaibo en Venezuela, en la desembocadura del río Catatumbo. La tormenta puede ser tan intensa (entre 150 y 200 relámpagos/min), especialmente la zona sur y central del lago, que puede leerse de noche con la luz que irradia, y se dice que es el mayor regenerador individual de la capa de ozono del mundo. De las varias hipótesis que existen, la más aceptada es que los vientos fríos que descienden de los Andes chocan con el aire cálido y húmedo que se evapora del lago, lo que produce la ionización de las partículas del aire.

Las descargas se producen unas 150 noches cada año, sobre todo en las épocas más húmedas.

03 El lago de la brea

Trinidad y Tobago

El lago de la brea, en Trinidad y Tobago. / AGE

Este burbujeante lago de Trinidad es una de las mayores curiosidades del país. A simple vista es como una pista de tenis de tierra cubierta por una piel de elefante arrugada. En realidad es un depósito natural de asfalto de 40 hectáreas y una profundidad máxima de 90 metros en el que el asfalto caliente se regenera continuamente alimentado por una falla subterránea. Solo hay otros dos lagos similares en el mundo pero este es mucho mayor, produciendo 300 toneladas de betún natural al día. Los observadores de aves lo valoran especialmente por las especies que atrae.

El lago está 22 km al suroeste de San Fernando, cerca de la ciudad de La Brea. Hay visitas guiadas.

04 El glaciar de Lambert

Antártida

Pingüinos en plena tormenta antártica. / AGE

Es el mayor glaciar del mundo, con 400 km de longitud por 200 km de ancho en el punto en el que alcanza la barrera de hielo de Amery, una extensión que da al mar de Lambert además de una de las vistas más raras y hermosas que ofrece la naturaleza: icebergs de color verde botella, debido al elevado contenido de materia orgánica de su interior.

No es fácil llegar a esta zona tan aislada de la Antártida. Sólo hay uno o dos barcos turísticos al año que lleguen hasta aquí y es un viaje largo y caro.

05 Los valles secos de la Antártida

Otro de los fenómenos naturales antárticos más asombrosos es el de los valles secos, lugares realmente extraordinarios: se trata de enormes espacios desiertos de más de 3000 km2 en los que no hay rastro de nieve ni hielo. Dentro de sus rocas viven algas, bacterias y hongos, algunos de hasta 200 000 años. Pero hay más fenómenos curiosos: el río Onyx fluye tierra adentro desde la costa y hay un lago al pie del glaciar, el Vanda, a 25°C. También está el lago Don Juan, de solo 10 cm de profundidad, que acoge el agua más salada del planeta, 14 veces más salada que la del océano. De hecho, es tan salino que nunca se hiela, ni siquiera a -55°C.

La estación Vanda, 14 km al este del lago Don Juan, es el asentamiento humano más próximo. Es un lugar ocupado sólo temporalmente por unos pocos científicos.

06 La marea roja de Navidad

Australia

Cangrejos rojos en la Isla de Navidad. / C. MARSHALL

Durante la mayor parte del año, los cangrejos rojos de la isla de Navidad apenas se dejan ver. Viven en lugares sombríos de los bosques que cubren buena parte de la meseta de la isla. De repente, al comienzo de la estación de lluvias (hacia octubre o noviembre), surgen más de cien millones de enormes cangrejos rojos, que abandonan el bosque a toda velocidad, descienden por los acantilados y –¡atención!– cruzan las carreteras. Todo esto lo hacen para que las hembras puedan desovar en el océano Índico precisamente durante las mareas altas del último trimestre lunar. Todo un espectáculo y una excusa como otra cualquiera para viajar a uno de los rincones menos conocidos del planeta. La Isla de Navidad es un territorio australiano en el océano Índico, a 2.360 km al noroeste de Perth, poblada por unas 1.500 personas.

Los horarios son irregulares, pero hay vuelos a la isla de Navidad desde Perth (www.virginblue.com.au) o Kuala Lumpur (www.malaysiaairlines.com).

07 Lluvia de peces en Yoro

Honduras

Cada mes de junio o julio, la pequeña ciudad de Yoro se cubre con densas y oscuras nubes de tormenta que descargan un tremendo aguacero tras el cual las calles aparecen cubiertas por miles de peces plateados que coletean en los charcos. Se dice que el extraño fenómeno es de origen divino y que se remonta al siglo XIX, cuando un misionero español pidió un milagro para alimentar a la población. La ciencia tiene explicaciones más lógicas pero ninguna definitiva que aclare el misterio: Los peces son de agua dulce, siempre se los encuentra vivos, y, según los pobladores, no son del tipo de peces que se encuentra en áreas cercanas. El caso es que este ilógico fenómeno es el origen de una fiesta, el Festival de la Lluvia de Peces, con desfiles, música y montones de pescadito frito.

Lo mejor es alojarse en San Pedro Sula, una animada ciudad, la segunda en importancia del país, a tres horas en autobús de Yoro.

08 Nubes ‘morning glory’

Australia

Para poder contemplar esta maravilla meteorológica que se adentra en el golfo de Carpentaria, al norte de Australia, hay que madrugar. La nube Morning Glory es una formación tubular, o una serie de nubes, que puede alcanzar hasta 1000 km de extensión y se desplaza en forma de rollo al amanecer, movilizando a su paso grandes crestas de aire, ideales para volar sin motor o en parapente (desde 1989, esta nube ha desplazado alas delta más de 700 km y hasta 6 horas). Este fenómeno se produce normalmente entre septiembre y finales de octubre. Burketown, al norte de Queensland, es un buen lugar para contemplarlo. Se trata de un aislado pueblo de menos de 200 habitantes en pleno territorio de Cocodrilo Dundee, en las remotas tierras de este estado australiano.

09 El macareo de la ‘pororoca’

Brasil

Un surfista en el Amazonas brasileño. / G. NEWTON

Los surfistas conocen bien este rincón del mundo, en la desembocadura del Amazonas donde cada mes de marzo, en Sao Domingos do Capim (Brasil), se celebra el Campeonato Nacional de Surf de la Pororoca. Y es que aquí se produce, con la luna adecuada, un fenómeno natural asombroso: la marea atlántica sube y sube y sobrepasa al caudaloso río. Es la marejada más larga de la que se tiene noticia y todo un espectáculo. Al alba se oye el aullar de los monos y un bramido precede a la ola de hasta 4 metros, que remonta el río y arrastra consigo todo tipo de residuos costeros y a algún surfista audaz. El record de surf hasta hoy es de 12,5 km y 37 minutos.

La ‘pororoca’ tiene lugar dos veces al día, tres días al mes; las olas más grandes se forman en febrero y marzo.

10 Racetrack

Death Valley, California

¿Cómo no iban a pasar cosas raras en un lugar llamado Death Valley (El valle de la Muerte)? La más notable ocurre en el remoto norte del valle, donde unas grandes piedras planas, algunas de hasta 180 kg, han corrido por la tierra, dejando tras de sí surcos en la seca y resquebrajada cuenca de un lago. Nadie ha visto jamás moverse ninguna, y la mejor explicación científica es que se han desplazado cuando la cuenca está resbaladiza a causa de la lluvia o la escarcha.

Se puede acampar en el valle de la Muerte, pero ante las cálidas temperaturas nocturnas algunos quizá prefieran un alojamiento con aire acondicionado (www.nps.gov/deva).


Estas experiencias y otras 990 están recogidas en el libro “1000 experiencias únicas” de Lonely Planet (GeoPlaneta).


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