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VIAJEROS URBANOS

Una regata letona con barcos de tetrabriks

La carrera tiene lugar en el río Lielupe a final de cada agosto, dentro del festival 'Leche, Pan y Miel'

¿Quién no recuerda durante su infancia haber dejado volar la imaginación y construido pequeñas obras de arte a base de cartones y pegamento? Pues bien, en la localidad letona de Jelgava, situada a unos 40 kilómetros del sudoeste de la capital Riga, centenares de personas lo siguen haciendo año tras año para construir creativas embarcaciones usando solamente cartones vacíos de leche.

Durante el último sábado del mes de agosto, estos artefactos de tetrabriks, convertidos también en una forma divertida de reciclar, toman parte en una regata que baja 50 metros del río Lielupe a su paso por la localidad, compitiendo por los premios a la mejor embarcación, la más rápida, el mejor equipo o el diseño más innovador, entre otros. Otra de las particularidades de esta competición es que los participantes solo pueden usar su fuerza física para hacer el recorrido.

Este año, una treintena de botes tomaron parte en esta más que particular regata veraniega, de la que se cumplieron diez ediciones ya, y se calcula que se usaron más de 40.000 cartones de leche entre todos los equipos. El humor, la sátira y las ganas de disfrutar de un día diferente permiten ver a los asistentes todo tipo de embarcaciones, y también escenarios durante la carrera, porque no todo el mundo consigue cruzar la meta al final del recorrido.

La regata es uno de los acontecimientos más destacados del festival “Leche, Pan y Miel”, que tiene como objetivo promover la calidad de la producción local de estos alimentos, así como concienciar a la población de la necesidad de adoptar hábitos alimentarios saludables. Esta celebración es también reconocida en la región por haber horneado una barra de pan con miel de 25 metros o un pastel de pan de centeno de 600 kilos.

Este festival es sin duda un placer para todos los públicos y gustos, porque durante el día se llevan a cabo degustaciones de pan con miel, y talleres culinarios de todo tipo. Si a uno le gusta, hay también un pequeño mercado en el que los visitantes pueden comprar todo tipo de productos locales. Todo esto se ameniza con música y folklore letón, lo que ayuda a crear una atmósfera ideal para gozar de la cultura letona durante el último sábado del mes de agosto.