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FUERA DE RUTA

El hotel California y otros 14 sueños

15 pistas para recorrer la península mexicana de Baja California

De los alojamientos de los famosos a las aguas donde se aparean las ballenas grises

Ballena gris en la laguna de San Ignacio, Baja California (México) / S. L. JONZ

La foto más famosa de Los Cabos, como se conoce al extremo sur de la península de Baja California (México), es El Arco, en cabo San Lucas, un pórtico de roca modelado por la erosión del mar y el viento que separa las aguas cálidas y tranquilas del mar de Cortés de los embates salvajes del Pacífico. Desde este finisterre californiano, con espectaculares formaciones rocosas donde sestean los lobos marinos y hoteles de lujo que sirven de refugio a las estrellas de Hollywood, se extiende hacia el norte un paisaje espinoso de ocres desvaídos, un desierto de 1.200 kilómetros de largo y entre 45 y 250 kilómetros de ancho que se prolonga desde Tijuana, en la frontera con Estados Unidos, hasta el paralelo 23, en cabo San Lucas, por debajo del Trópico de Cáncer.

01 ‘Spring Breakers’ vs ‘Cougars’

Cabo San Lucas, una popular escala de cruceros llena de bares, taquerías y tiendas de tequila y souvenirs a precios gringos, es un buen lugar para iniciar el viaje (hay vuelos diarios desde México DF, a dos horas y media de avión), contratar excursiones o correrse una juerga. En la segunda quincena de marzo y la primera de abril, la ciudad se llena de Spring-Breakers, universitarios de Estados Unidos y Canadá que aprovechan las vacaciones de primavera para desfogarse y ligar.

En lugares como el club que la cadena Nikki Beach tiene en el hotel ME-Los Cabos, de la cadena española Meliá, estos jóvenes con ganas de marcha suelen coincidir con otro tipo de turista frecuente al sur de Baja: las cougars (pumas en inglés), un término empleado para describir a un tipo de mujer madura, independiente, atractiva y con dinero.

02 Una playa entre dos mares

Ensenada Grande, isla Espíritu Santo, en el Golfo de California. / I. MERINO

Los otros atractivos de Cabo San Lucas están en el mar: la pesca, el buceo o las excursiones en barca o kayak de mar hasta el promontorio donde se encuentra el famoso arco de roca y donde vive una colonia de leones marinos, o a la playa de Los Amantes, una lengua de arena que une las aguas calmas de la bahía de San Lucas y las bravías del Pacífico y permite cruzar a pie entre los dos mares.

03 Cascadas de arena

Bajo el agua, en los alrededores de la roca del Pelícano, los buceadores expertos pueden descender hasta las cascadas de arena, un fenómeno geológico descubierto por el oceanógrafo francés Jacques-Yves Cousteau que se produce, a unos 30 metros de profundidad, en la bahía de San Lucas, una de las más hondas del mundo (desde 213 metros cerca de la orilla hasta los 3.500 metros).

04 ¡Dale carrete, John Wayne!

Cuando el escritor John Steinbeck recorrió la Baja California en la primavera de 1940 a bordo de un barco sardinero, Cabo San Lucas era un pueblito de pescadores donde vivían menos de 500 personas ocupadas en la pesca o el trabajo en una conservera de atún. Una pista de tierra permitía recorrer los 32 kilómetros que lo separan de San José del Cabo, donde terminaba la carretera. Esos 32 kilómetros, conocidos como El Corredor, son hoy el destino turístico más exclusivo de México, con decenas de resorts al gusto norteamericano, lujosos hoteles todo incluido, campos de golf regados con agua de mar desalinizada y precios a la altura del caché de las estrellas de Hollywood. En la década de 1950, enamorados de la pesca como John Wayne, Bing Crosby y Errol Flynn solían viajar a Cabo San Lucas en avioneta desde Los Ángeles para dar carrete a los peces vela y marlines que pueblan sus aguas. Se alojaban en lugares como el rancho Las Cruces, donde hoy está el hotel Palmilla, o el hotel Chileno, uno de los pioneros, que contaban con una pequeña pista de aterrizaje. Algunos avispados empezaron a comprar terrenos a los pequeños ranchos de la zona, transformando aquel villorrio de pescadores en el destino de lujo que es hoy.

05 Territorio ‘celebrity’

Piscina infinita del hotel Westin Los Cabos. / I. MERINO

Entre los asiduos está George Clooney, que ha pasado allí temporadas con al menos dos de sus novias: Stacey Keibler y Elisabetta Canalis. Sean Penn y Scarlett Johansson quemaron allí su breve romance de tres meses; John Travolta celebró su 50º cumpleaños, y Jennifer Aniston, Kevin Jonas, Beyoncé, Leonardo DiCaprio y Robert de Niro también se dejan ver por allí.

Sus refugios son hoteles como el One & Only Palmilla (el mejor de México, según Condé Nast), Esperanza, Las Ventanas al Paraíso, Capella Pedregal o Sheraton Hacienda del Mar, aunque cuando se pregunta sobre el tema a los responsables de los establecimientos o al personal que trabaja en ellos no sueltan prenda: la discreción viene incluida en el precio de las habitaciones, que supera en algunos casos los 2.000 euros la noche.

06 Un chupito de damiana

Una cantina en Baja California, México. / I. MERINO

A diferencia de Cabo San Lucas, San José del Cabo, al otro extremo de El Corredor, conserva su encanto colonial y un cierto aire bohemio. Una asociación de comerciantes locales y artistas residentes en el pueblo ha emprendido la rehabilitación del centro histórico, una cuadrícula de casas bajas con fachadas multicolores: rojos venecianos, azules, verdes, morados. Los soportales del zócalo y las calles que lo rodean están llenas de restaurantes, galerías de arte, tiendas de artesanos y joyerías donde se venden alhajas hechas con perlas y nácar (los precios, altos). Todos los jueves hay un paseo del arte, en el que las galerías y los estudios de los artistas abren al público y se celebran pequeñas fiestas con degustaciones de tequila y damiana, un licor dulzón destilado de una planta del desierto al que se le atribuyen propiedades vigorizantes.

07 En las playas de ‘Troya’

Formaciones rocosas en las playas de Cabo San Lucas. / I. MERINO

Además de por placer, los famosos visitan la Baja por trabajo. En ella se han rodado al menos 40 películas, la mayoría en Mexicali, Rosarito y Tijuana. El puerto que aparecía en Master & Comander (2003) y Pearl Harbor (2001), por ejemplo, es el de Rosarito, y las playas de Troya donde Aquiles-Brad Pitt hacía escabechinas entre los troyanos, en la película que dirigió en 2004 Wolfgang Petersen, son las de Cabo San Lucas. Perdita Durango (1997), de Álex de la Iglesia, se rodó en Tijuana. En cambio, la maravillosa Sed de mal, de Orson Welles, que está ambientada en Tijuana, se hizo en unos estudios de Los Ángeles (EE UU).

08 Buscando la gran ola

Hay dos maneras de abandonar Cabo San Lucas: por la carretera Federal 19, que discurre por el oeste siguiendo la costa del Pacífico, o por la Federal 1, también conocida como carretera Transpeninsular o Mex-1, que discurre por el este hasta San José de los Cabos y la costa del golfo. Cerca de La Paz, ambas carreteras se unen en la Federal 1 hasta Tijuana.

La Federal 19 es la opción más cómoda para acceder a las playas salvajes del Pacífico, que atraen a surfistas de Estados Unidos y Canadá a las olas de playas como Los Cerritos o San Juanico. En Los Cerritos, cerca de Pescadero, existe una colonia de bungalós para quienes han hecho del surf su modo de vida, y un chiringuito en la playa invita a tomar una coronita ante la atenta mirada de La Catrina (un personaje de la iconografía popular mexicana representado por un esqueleto de mujer con sombrero de plumas y sombrilla).

09 Nostalgia de los Eagles

Recepción del Hotel California, en Todos Santos. / I. MERINO

Peter Buck, el guitarrista de REM, es el vecino más famoso del pueblo de Todos Santos, al norte de Los Cerritos, un destino para nostálgicos. A escasos cien metros de la casa de Peter Buck se alza una leyenda del pop: el hotel California.

Don Henley, el batería de los Eagles, siempre ha negado que el hotel de Todos Santos inspirase la famosa canción, pero da lo mismo: centenares de turistas norteamericanos, muchos de ellos talluditos, acuden allí como polillas a la luz, y sus actuales propietarios, John y Debbie Stewart, siguen alimentando el mito. En cualquier caso, un lugar muy agradable de estilo colonial, con habitaciones pintadas en vivos colores alrededor de un patio con alberca: “Wellcome to the hotel California. / Such a lovely place / Such a lovely face...”.

10 Trópico de Cáncer

De camino hacia la sierra de La Laguna, “donde la tierra desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde de tan lejano”, como escribió el mexicano Juan Rulfo, se atraviesa el Trópico de Cáncer, un lugar donde parar, aunque solo sea para hacerse la foto. A un lado de la carretera se alza una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe; al otro, los abundantes fósiles de moluscos dispersos por el suelo nos recuerdan que pisamos el fondo de un antiguo mar.

11 La jungla espinosa

El desierto y los cactus mezclan bien. Como el tequila, el limón y la sal en una margarita. La diversidad de los que existen en México es abrumadora, y uno de los mejores lugares para comprobarlo es la sierra de la Laguna, cerca de Santiago de los Coras, en el antiguo Camino Real que recorría, sembrado de misiones, toda California. Además de los cardones centenarios, algunos tan altos como una casa, se pueden ver nopales, pitayas, viejitos o mamilarias, barriles, biznagas y arbustos espinosos como el palo blanco, el palo de arco, el mezquite, el alcanfor, la planta gobernadora (una euforbiácea que se investiga como tratamiento contra el cáncer) y el ubicuo torote, cuya corteza descamada le da un bonito color dorado. A simple vista parecen árboles muertos, pero bastan cuatro gotas para convertir el desierto en un jardín florido, y algunas especies completan su ciclo —hojas, floración y fruto— en solo 24 horas.

12 La bahía de Los Ángeles

Buceo junto a un tiburón ballena en la bahía de La Paz. / M. CARWARDINE

En 1535, Hernán Cortés recaló en la costa oriental de una árida, espinosa península a la que llamó California en recuerdo de la fabulosa isla de las amazonas que describe el quinto libro de Amadís de Gaula. En lugar del oro y las perlas que buscaba, encontró piedras y cactus. Un siglo después llegaron los jesuitas para erigir un rosario de misiones unidas por el Camino Real, que unía San Diego con Loreto. En Loreto, para muchos el pueblo más bonito de la Baja, es donde está la misión más antigua, de 1697. Cerca de allí encontramos la bahía de Los Ángeles, con sus aguas de un intenso azul.

13 Perlas negras

La Paz, capital de Baja California del Sur, es una tranquila y agradable ciudad que vive de cara a su malecón. En los alrededores se encuentran también algunas de las playas salvajes más bonitas de México, como la de la bahía de Balandra, a la que se puede acceder en transporte público. No hay muchos turistas, lo que se nota en los precios, mucho más bajos que en Los Cabos. En uno de sus flancos se encuentran la isla de Espíritu Santo, reserva de la biosfera, con farallones donde dormitan los leones marinos y estrechas ensenadas que servían de abrigo a los corsarios holandeses que acosaban a los galeones españoles en la ruta entre Manila (Filipinas) y Acapulco (México), como Boris von Spilbergen, el pirata Pichilingüe. De sus placeres arenosos, donde vive la pintada mazatlánica, una variedad de madreperla, proceden las famosas perlas negras que lucen en algunos retratos los reyes y reinas españoles. Los turistas pueden hoy visitar e incluso acampar en calas de la isla de Espíritu Santo, como Ensenada Grande, donde la empresa Fun Baja (www.funbaja.com) monta un pequeño campamento ecológico donde se puede descansar, pasear, nadar, bucear o simplemente mirar las estrellas (Baja California es uno de los mejores lugares para ver el firmamento).

J. BELLOSO

14 Sal y ballenas

Guerrero Negro, a 1.000 kilómetros de Cabo San Lucas y a 700 de Tijuana, está justo al sur de la línea que separa los dos Estados en que se divide la península: Baja California (capital, Tijuana) y Baja California Sur (capital, La Paz). Debe su nombre a un ballenero inglés, el Black Warrior, que naufragó en la cercana laguna Ojo de Liebre el 10 de diciembre de 1858 y permaneció semihundido en la bocana de la bahía durante décadas. Sus lagunas someras alimentan las mayores salinas del mundo, con 42.000 hectáreas de superficie. Una industria que ahora compite con el turismo: Guerrero Negro es el lugar obligado de paso de los turistas que quieren ver las ballenas que acuden cada invierno a Ojo de Liebre.

15 Arrecife de coral

Todos coinciden en que el mejor lugar para bucear en la Baja es Cabo Pulmo, a 63 kilómetros al noreste de San José del Cabo por la Mex-1: un hervidero de vida que bulle alrededor del único arrecife coralino de la costa oeste de América, declarado en 2005 patrimonio mundial por la Unesco. Una empresa inmobiliaria planeaba levantar cerca de este paraíso virgen un nuevo Cancún. El plan, bautizado como Cabo Cortés, contemplaba la construcción, sobre las dunas costeras, de una marina de 490 amarres, con 27.000 habitaciones y dos campos de golf. Afortunadamente, el Gobierno mexicano revocó la autorización para el proyecto.

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