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Formentera, gradación de azules

Solo accesible por barco, la isla balear preserva su intimidad como un santuario relajado y 'cool'. Un refugio para disfrutar con escúter, pareo y 'chill out'

NICOLÁS CASARIEGO 5 JUL 2012 - 11:03 CET

Para los asiduos, Formentera es una especie de santuario, un lugar lleno de secretos que nadie debería desvelar. Cada canción sobre ella, cada película o cada reportaje violarían su intimidad. Si Ibiza ofrece las, posiblemente, mejores discotecas del mundo, con actuaciones de los dj's más reputados y noches sin fin, Formentera responde con un ambiente más relajado y cool, de escúter, pareo y chill out. Lo cierto es que esta isla de algo más de 7.000 habitantes no es tan secreta, y sus parajes ocultos, como diría una canción, son los que cada uno se lleva consigo. Si en el siglo XVII sus habitantes tan solo plantaban el trigo que consumían, ahora fabrican sueños. En verano la invaden decenas de miles de turistas -muchos de ellos italianos-, y en sus atractivas orillas el azul zafiro de sus aguas convive con el brillo de la fibra de vidrio de decenas de embarcaciones.

En cambio, en primavera o en septiembre, el visitante puede acariciar el sueño de este mito contradictorio, de esta pequeña isla capaz de tragarse hordas hasta que el cuerpo aguante. En cuanto desembarcas en el puerto de La Savina (Formentera está conectada con el exterior tan solo por transbordador), te invade la sensación de que, una vez más, la promesa de tranquilidad se va a cumplir.

Te espera una isla con una forma caprichosa que recuerda un hacha prehistórica, árida, plana, con dos promontorios en los extremos -los acantilados de La Mola, de casi 200 metros de altura, marcan su punto más alto- y con apenas 19 kilómetros de distancia de norte a sur. Hay bosques de pino, sabinas o matorral, salinas abandonadas, torres de vigía, lagunas costeras, casas con aljibe encaladas, higueras apuntaladas, dunas, algún molino, rocas y praderas de posidonia, esa planta subacuática que asienta la arena de playa y sirve de hogar a pulpos y sepias. Ofrece, pues, un paisaje marcadamente mediterráneo, y la guinda la ponen sus playas y unas aguas con una gradación de azules difícil de olvidar.

01 Poniente

Es la zona de las puestas de sol, que muchos disfrutan con música y un cóctel en los chiringuitos de la playa de Cavall d'en Borras. -Tiburón o Big sur- o desde la terraza de un restaurante. En Sa Sequi comí un cabracho o rotja al horno frente a la dársena del puerto y los islotes de Es Vedrà y Es Vedranell. Su nombre lo toma de una acequia cercana, construida a finales del siglo XVIII para sanear la extensa laguna Pudent, "maloliente". La otra laguna de la isla, des Peix, situada muy cerca y conectada al mar por una boca de apenas un metro de profundidad, ofrece desde siempre abrigo a las embarcaciones.

Desde la pequeña playa de Cala Saona se ve Ibiza en el horizonte. Hay varaderos de pescadores, cubículos rectangulares hechos de tablones de madera donde duermen las barcas y, cerca del hotel de la playa -demasiado presente en el paisaje-, una torrentera que ofrece un paseo especial: su verdor nos hace sentirnos en otro lugar.

Si buceas cerca de las rocas, puedes nadar entre salpas y obladas, con el delicado sonido de los peces comiendo de fondo.

A la hora del almuerzo me señalaron una sabina pelada de cuyas ramas colgaba pescado. Las rayas y las pintarrojas o mussolas -pequeños tiburones con ojos de gato y manchas de leopardo- se pescan, se filetean, se salan, se cuelgan para que se sequen y se desmenuzan. El pescado seco, por ejemplo, se come en la ensalada bescuit, que comían antiguamente los pescadores. se hace con bescuit -pan seco cocido dos veces-, pimiento rojo asado, patata cocida, tomate, pimiento verde, cebolla, ajo, aceite de oliva, vinagre y sal. En el restaurante Es Mirador, con una buena vista del conjunto de la isla, la sirven muy rica

02 Migjorn

Es la zona de mediodía, en la que se suceden playas de arena fina y formaciones rocosas, algo menos masificada que otras, con restaurantes agradables y clásicos como el Blue Bar.

Una de sus playas, Es Copinar, situada al pie de La Mola, junto al hotel Riu, debe su nombre a que la corriente trae conchas a la costa y las deposita sobre la arena. Allí, sobre el mar, colgado de las rocas, se encuentra el minúsculo quiosco Bartolo. En el restaurante Es Copinar sirven muy buen pescado y una fideuá exquisita.

03 Espalmador

Al islote de Espalmador, situado al norte, a apenas 150 metros de una lengua de arena con playas a ambos lados, se accede solo por barco, o a nado y con marea baja por el Pas des Trucadors. Antaño refugio de contrabandistas, cuenta con S'Alga, una playa de arena blanca, dunas desde las que más de uno se lanza haciendo la croqueta y una laguna de lodo en la que, pese a estar prohibido y oler francamente mal, los turistas se dan un baño para luego pasearse como zombis en cueros de una era posnuclear. La ventaja de la excursión es que, al no haber chiringuitos ni servicio alguno, solo oímos el ruido del viento y del mar.

Precisamente en Espalmador, de camino hacia Formentera, hay desde mayo una nueva atracción. Se trata de un ferri encallado. La postal casi onírica del transbordador levantado sobre un suelo de roca rojiza, rodeado de un mar rabiosamente azul, tiene mucho que ver con Formentera. No es un barco de pesca, ya no. Pero ese ferri allí varado, tan tranquilo, casi mágico, inexplicable y absurdo, representa el espíritu lúdico de una isla que sigue siendo muy especial.

» Nicolás Casariego es autor de las novelas Antón Mallick quiere ser feliz y Carahueca.

Guía

Cómo ir

» Navieras con líneas a Formentera: Balearia (www.balearia.com), Iscomar (www.iscomar.com), Mediterránea Pitiusa (www.medpitiusa.net),

Trasmapi (www.trasmapi.com), Umafisa Lines (www.umafisa.com).

Información

» Turismo de Formentera (www.formentera.es).

» www.illesbalears.es

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