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Entrevista:EL VIAJERO HABITUAL | TROTAMUNDOS | Jorge Martí - Cantante

Cariño, huelo a comino

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Como convenció a su novia para que se viniera a España a vivir, Jorge Martí le regaló un viaje a la India. El cantante de La habitación Roja, que acaban de lanzar su nuevo disco, Fue eléctrico, cogió la mochila y aterrizó en Bombay.

¿Cómo fue la llegada al segundo país más poblado del mundo?

Bombay desde el avión es flipante. Era de noche, así que, a medida que íbamos acercándonos a tierra, las luces de la ciudad se volvían más nítidas; se veía una apabullante mancha luminosa.

¿Tenían reservado hotel?

¡No teníamos nada más que la mochila y una guía! Nos habían recomendado la zona de Colaba, cogimos un taxi y luego caminamos por el barrio. Por la noche todo tiene un toque decadente, pero cuando amanece, la ciudad revive con los mercados y la gente. Moverse por allí me hizo sentir como un viajero del siglo XIX.

¿Dónde por ejemplo?

En el café Leopold's. Desayunamos allí un par de veces; es uno de los restaurantes más antiguos de Bombay, fundado en 1871. Es mítico. Hace cuatro años sufrió un ataque terrorista, pero ahí sigue.

Un clásico de verdad.

Casi tanto como la Puerta de la India, un monumento en honor de Jorge V y uno de los últimos símbolos de la colonización británica, que acabó en 1947.

Y la imponente Victoria Station...

Desde 1996 se llama Chhatrapati Shivaji Terminus. Fue declarada patrimonio mundial y, justo al lado, hay un restaurante buenísimo. Compartíamos mesa, como en casi todos los sitios allí, y servían la comida en hojas de plátano.

¿Aguantaron bien el picante?

No queda otra. Allí todo es spicy, hasta los desayunos. En el McDonalds, las hamburguesas están adaptadas al estilo indio. Al cabo de 24 horas todo te huele a especias; incluso tu cuerpo.

Y de Bombay fueron a...

A la playa de Palolem, en Goa, la región tradicionalmente hippy. Dormimos en una casita junto a un bosque de palmeras.

¿También viajó en barco, en elefante, en tren...?

En elefante, no. Estuvimos en una reserva de animales e hicimos una ruta para buscar tigres, pero no los encontramos. De paso visitamos unas plantaciones de té a 2.000 metros de altura.

¿Qué se trajo del viaje?

Al regresar tuve una temporada muy optimista y alegre. Había visto cosas tan duras que me parecía un sacrilegio ponerme triste por los problemas cotidianos de aquí.

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