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Reportaje:MADRID FLUYE

Brooklyn está en Madrid

Tabernas castizas y teatro alternativo en Delicias, el nuevo barrio de moda

Museos pequeños que recuperan el patrimonio industrial, innovadores centros de creación, ambiente multirracial, salas de teatro alternativas, antiguas fábricas ahora convertidas en bibliotecas o lofts... Hasta aquí, podríamos estar describiendo Brooklyn. Pero si añadimos bares de los de vermú de grifo, pastelerías con huesos de santo y mercerías de toda la vida como La Positiva, abierta desde el año 1936, el resultado es el madrileño barrio de Delicias. Cada vez más gente joven se muda a un barrio con precios más asequibles que el centro y a un tiro de piedra de Atocha, que además cuenta con zonas verdes. Y si el grado de modernidad se mide por el número de bicis por metro cuadrado, Delicias gana por tradición. Dos de las tiendas de bicicletas más míticas de Madrid se encuentran en la zona: Ciclos Delicias (paseo de las Delicias, 65) y Karacol (Tortosa, 8).

Verde en 3D

El parque Tierno Galván tiene un encanto decadente y particular. Sus 45 hectáreas lo convierten en uno de los más grandes de Madrid, y está situado en lo alto del Cerro de la Plata, llamado así por los restos de carbonilla que aquí se acumulaban procedentes de las cercanas estaciones de Atocha y Delicias. En su interior, cuatro estanques conectados entre sí e instalaciones deportivas como canchas de baloncesto, rocódromo o carril bici. En su cumbre se encuentra su anfiteatro, con capacidad para 5.000 personas, donde los pasados veranos se ha instalado una pantalla de cine gigante. Además, el cine Imax (www.imaxmadrid.com) ofrece documentales y películas en 3D.

De planetarios e invernaderos

El Museo del Ferrocarril (paseo de las Delicias, 61; www.museodelferrocarril.org) se encuentra en la antigua estación de tren de Delicias (de 1880). Exhibe más de 30 vehículos, como la locomotora El Alagón, que presume lustrosa de sus 160 años. Un coche-restaurante está habilitado como cafetería. Muy cerca, no deje de visitar el espectacular edificio de la antigua fábrica de cervezas de El Águila, hoy convertida en la Biblioteca Regional de Madrid Joaquín Leguina (Ramírez de Prado, 3; www.madrid.org/bpcm), cuya misión es conservar y difundir el patrimonio bibliográfico de Madrid. Si todavía le queda hambre de conocimientos, el Planetario de Madrid (avenida del Planetario, 16; www.planetmad.es) ofrece proyecciones sobre temas tan variados como el firmamento nocturno, la evolución estelar o los procesos creativos del cosmos. El lado terrenal lo pone el Invernadero de la Arganzuela (paseo de la Chopera, 10), que exhibe cuatro ecosistemas diferentes.

Las delicias de Delicias

Buenas y Santas (calle de Bolívar, 9; www.buenasysantas.es) es un local al más puro estilo neoyorquino: grandes ventanales, cuidada decoración a base de muebles del Rastro, lámparas de estilo industrial y una carta de comida casera en la que destacan sus hamburguesas. Desde septiembre, sus dueños se encargan además de la recién inaugurada Cantina de El Matadero (paseo de la Chopera, 18), un espacio singular que conserva las gigantescas calderas originales. Si sus gustos son más castizos, el lugar perfecto es Bodegas Rosell (General Lacy, 14; www.bodegasrosell.es). Su dueña, Mercedes, y sus hijos llevan más de cinco décadas ofreciendo sus deliciosas patatas de la abuela y una completa carta de vinos. A la hora del postre, los golosos están de enhorabuena, el barrio hace honor a su nombre. Numerosas pastelerías jalonan el paseo de las Delicias, pero ninguna como La China (plaza de la Beata María Ana de Jesús, 2), que abrió el confitero de Alfonso XIII en 1926 y ante la que se siguen formando inmensas colas el día de Reyes.

¿Teatro o concierto?

Las antiguas naves de El Matadero de Madrid, ubicadas en espectaculares edificios de principios del siglo XIX de arquitectura neomudéjar, y con nombres tan sugerentes como Degüello, Mondonguería o Triperías, han visto cómo sus desafortunados visitantes vacunos y porcinos se convertían en otro tipo de ganado: modernos interesados en sus exposiciones, su sala de lectura, el archivo de Documenta Madrid, las Naves de Teatro del Español, los conciertos de la plaza Matadero o, desde septiembre, la Cineteca.

Igualmente innovador es el Garaje Lumière (Ciudad Real, 12; www.garajelumiere.com). Esta sala de teatro alternativa está ubicada en un gigantesco garaje de techos vertiginosos que se divide en dos gracias a unos pesados cortinajes: el primero hace las veces de sala de exposiciones, bar y lugar de reunión, mientras que el segundo es la sala de teatro. Bautizada como Sala Carlos Rico -en honor al fallecido director de teatro y alma del proyecto-, esta singular caja escénica blanca cuenta con gradas móviles. Además de teatro, organizan talleres, showrooms y cenas temáticas.