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Reportaje:24 HORAS EN... ESTRASBURGO

'Merkozy' no es un vino blanco

Una 'tarte flambée', una mirada a Monet y una estación de Zaha Hadid. Epicentro de la Europa de Merkel y Sarkozy, Estrasburgo apasiona por sus casas de madera, su pulcritud y su energía juvenil

Getty / Estudio Zaha Hadid

Si escucha su nombre, puede que le suene a aburrido, burocrático y lleno de señores encorbatados. No lo crea. Estrasburgo, la capital de la región francesa de Alsacia y en el límite con Alemania, se vende como corazón de Europa por sus instituciones políticas como el Parlamento, el Consejo o el Tribunal de Derechos Humanos. Se le podría llamar la ciudad Merkozy. Pero aun así, uno se decide a visitarla y descubre lo que podría ser la perfección hecha urbe: edificios medievales que dialogan con los más futuristas, avenidas elegantes y callejones con flores, seriedad mañanera y despiporre nocturno. Dicen que la ciudad, curtida en dos guerras mundiales y codiciada por Francia y Alemania, tiene un humor tan irónico que puede resultar macabro.

9.00 Doce apóstoles y el gallo

¿No tiene un aeropuerto cerca con vuelos a Estrasburgo? No se preocupe, porque un buen plan es visitarla desde París en TGV, el AVE francés, que le dejará en el centro de la capital alsaciana en dos horas y veinte minutos. La llegada ya es espectacular: la estación central (1) es una alubia gigante acristalada cuya atmósfera vanguardista no choca con las fachadas burguesas de la plaza. Entre banderas de Francia y de la Unión Europea en los balcones y comercios de todo tipo, como las famosas Galerías Lafayette (2), en un espectacular edificio de arenisca roja (Rue du 22 Novembre, 34), y la tienda de ropa vintage Le Placard (Ruelle des Pelletiers, 4), se llega a la plaza Kléber(3), epicentro de Estrasburgo. Todo esto ya forma parte de la Grande-Ile, patrimonio mundial por la Unesco. Ya habrá divisado la aguja de la catedral (4), de aire germánico. Impacta desde enfrente, justo donde en diciembre se despliega un animado mercadillo navideño. Maravíllese con las vidrieras y las vistas desde el campanario después de subir los 329 escalones. Tampoco se pierda el divertido reloj astronómico, del que cada día a las 12.30 salen los doce apóstoles a desfilar ante Cristo mientras un gallo canta.

11.00 En bici por el Ill

La Maison Kammerzell (plaza de la Catedral, 16) es una casa renacentista con 75 ventanas de madera que podría ilustrar cualquier cuento de los hermanos Grimm. Los edificios de estilo parisiense se arremolinan en los aledaños de la plaza Broglie, donde se asienta la Ópera(5), pero el más espectacular es el palacio Rohan

(6), que guarda tres museos: el de artes decorativas, el arqueológico y el de bellas artes, el más interesante por su colección de pintura europea de los siglos XIV a XIX, con obras de Giotto, Botticelli, El Greco, Rubens, Van Dyck, Canaletto, Goya o Delacroix. Y ya que tenemos el río Ill aquí, ¿por qué no un paseo en barco? (Batorama; Rue de Nantes, 15). Otra buena idea es alquilar una bici (por ejemplo, con Vél'hop: www.velhop.strasbourg.eu). Todos los lugareños van de aquí para allá pedaleando y le habrán dado envidia. Las placitas tranquilas, con fachadas de madera y macetas en las ventanas, como la de Saint-Étienne y Benjamin Zix, se suceden mientras se escudriñan los alrededores del río, el paseo de Quai des Bateliers y la plaza de Gutenberg, con su característico tiovivo antiguo.

13.00 Chucrut en la zona de moda

El barrio de Krutenau cataliza las tendencias más novedosas y los universitarios entran y salen de las galerías de arte, los bares y las tiendas de ropa. Todo muy a la moda. Para comer, platos alsacianos como tarte flambée (especie de pizza sin tomate con cebolla y beicon) y chucrut (col fermentada) con salchichas en Les Tres Brasseurs (7) (Rue Veaux, 22), o las famosas fondue o raclette en La Cloche à Fromage (8) (Rue des Tonneliers, 27), siempre lleno. Los dos, a precios muy asequibles. De postre, el famoso aguardiente local a base de la uva Gewürztraminer. La digestión se hará dentro de la iglesia de Saint-Thomas(9) (Rue Martin Luther, 4), donde se halla el mausoleo del mariscal de Saxe, un conjunto escultórico barroco que nada tiene que envidiar a los de las fuentes de Roma. Aquí Mozart tocó algunas piezas. Ahora viene lo mejor: la Petite France - J, una pequeña isla que durante la Edad Media era el barrio de los pescadores, molineros y curtidores. Hay que pasear entre los canales, sentarse en las terrazas, quedarse en Babia admirando la belleza y contemplar los Puentes Cubiertos (dominados por cuatro torres del siglo XIV, vestigios de las murallas) y la barroca presa Vauban (11). Como hay tanta oferta cultural, se puede visitar el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (12) (plaza Hans Jean Arp, 1), con obras de artistas como Monet, Picasso y Kandinsky. ¿Que ya está cansado? El parque de la Citadelle (13) pone la hierba para que se tumbe.

17.00 Poderío económico

La luz de la tarde otorga un aire de thriller decimonónico al barrio imperial o alemán(14), erigido después de la derrota francesa de 1870. Todo se construyó a lo grande y con avenidas arboladas para la renovada capital del Reichsland de Alsacia y Lorena. Sorprenden la plaza de la República, el palacio del Rin, la Prefectura, la Biblioteca, la Universidad, el Teatro Nacional, el jardín botánico y algún edificio art nouveau, como la Casa Egipcia. El poderío actual de esta ciudad se deja ver en el barrio europeo, cuyo edificio más epatante es el Parlamento (15), redondo y acristalado, donde los diputados deciden las leyes comunitarias, adoptan presupuestos y desarrollan las políticas monetarias. De formas similares es el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos. Podríamos seguir viendo edificios, como el del Consejo de Europa, el del Centro Europeo de la Juventud o la Fundación Europea de la Ciencia, pero nos quedamos sin tiempo. Nos vamos al parque del'Orangerie (16), lleno de cigüeñas y agua, con la sensación de que Europa no es algo tan abstracto. Toca más arquitectura iconográfica: la de la estación de tranvía Hoenheim Norte (17) y su aparcamiento, de Zaha Hadid, única mujer con un Premio Pritzker de arquitectura. Los pilares bailan inclinados.

20.00 Cervezas medievales

Vuelta a la plaza Kléber (3) donde L'Aubette programa espectáculos de danza, performances y obras multimedia. Para cenar toca algo más sofisticado, pero típicamente alsaciano, como cordero, foie-gras y spaetzele (variedad de fideos) que acompañan al pescado y la carne en Gavroche (18) (Rue Klein, 4) y La Cruche d'Or (Rue Tonneliers, 6). Unos 25 euros por persona. Y, por supuesto, regado con vino blanco de la tierra. A riesgo de reventar, las cervezas (la tradición de esta bebida en Estrasburgo se remonta hasta el siglo XIII) se tomarán en Les Frères Berthom (19) (Rue Tonneliers, 18) y el kitsch Living Room (20) (Rue Balayeurs, 11). Seguro que hay algún concierto en el diminuto y underground Zanzibar (21) (plaza Saint-Etienne, 1) y el enérgico Le Rafiot (22) (Quai des Pêcheurs), donde la cerveza corre y uno puede terminar brindando con el de al lado por Europa o por lo que sea.

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JAVIER BELLOSO

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