Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
VACACIONES 2010

Intercambio mi casa para este verano

Intercambiar casa, piso o segunda vivienda, una forma de ahorrar viajando que gana adeptos con la crisis

A Juan Manuel salir de vacaciones con la familia les cuesta lo mismo que quedarse en casa. Si decide pasar el verano en Europa o cruzar el charco, el único coste será el de los vuelos. Juan, como otros viajeros, ha decidido recurrir al intercambio de casas para disfrutar de las vacaciones. Es una forma de ahorrar viajando, sólo hay que pagar los gastos de transporte y al estar como en casa siempre se evita gastar más dinero de lo necesario en restaurantes. Además, también resulta muy cómodo porque suele intercambiarse el coche si ambas partes están conformes.

¿Cómo funciona el intercambio de casas?

El sistema es muy sencillo. Aunque depende de la web de intercambio de casas que se utilice, básicamente consiste en fotografiar tu casa, describir bien la zona en la que vives (aunque también puedes intercambiar tu segunda vivienda) y establecer unas normas de uso. Quizá no quieras que se fume en tu piso, o que te rieguen las plantas, o que cuiden de tu gato. A partir de allí, empiezan a llegar ofertas de usuarios que quieren utilizar tu casa, rastreas las viviendas que te gustaría intercambiar y al final tú decides si el intercambio te convence y se lleva a cabo.

Más barato un mes en San Francisco que una semana en la Costa Brava

Pero curiosamente el ahorro no es lo que más busca el perfil típico de un usuario de intercambio. Normalmente se trata de personas con un nivel adquisitivo entre medio y medio-alto que buscan sentirse como en casa cuando viajan, hartos de hoteles impersonales, apartamentos turísticos o lugares masificados. Buscan una relación distinta con el viaje, funcionar como un local.

Pero para los novatos la primera pregunta, casi inevitable, es ¿miedo? Al fin y al cabo estás dejando tus recuerdos, tu equipo de música, tu ropa, y para colmo un extraño va a meterse en tu cama y usar tus toallas. Pero el temor desaparece. "Igual que tú dejas tu casa, ellos dejan la suya", es el argumento de Juan Manuel. "Entras en un grado de confianza total. Cuando voy a un hotel uso un servicio y una cama en la que han estado otras personas. Llegas a una confianza tal que el miedo empieza a ser el contrario, a romper algo a la otra parte", explica Diego, que este año repite después de una buena experiencia de más de un mes con su familia en San Francisco. "Nos salió más barato que una semana en la Costa Brava" y además disfrutaron del ambiente del barrio. Cada viernes los vecinos organizaban una cena en la calle y Diego y su familia se sumaron a las fiestas. Algo que no puede ofrecerte un hotel. Además, Diego lo tiene muy claro: "Este sistema no es el mejor para quien quiere robar una casa". La angustia también desapareció pronto para Bettina. "Tenía miedo al principio, porque uno pone todas sus cosas, pero luego pensé que en mi casa el único tesoro soy yo". Y ahora está encantada, porque "me gusta ser viajera, no ser turista".

Lo que más tranquilidad da a los usuarios del intercambio son los contactos anteriores al viaje. Con meses de antelación se intercambian correos electrónicos e incluso llamadas y así se empieza a conocer a una familia que en ocasiones llega a ser amiga. En estos contactos se preguntan y cierran todo tipo de detalles. Si hay que dejar armarios libres, regar las plantas, cuidar de un animal doméstico, números de teléfono por si se necesita un médico o una reparación de la casa de urgencia, o cómo se va a hacer el intercambio de llaves. Normalmente se recomienda dejar a alguien de confianza en casa para recibir a los inquilinos, pero hay quien recurre a métodos más rudimentarios como dejar el juego en la tienda de ultramarinos de confianza o en un escondite en el portal de casa. Para Juan Manuel todo fue muy sencillo: "Ellos nos fueron a buscar al aeropuerto, nos alojaron y luego se fueron a tomar el avión. Aquí mis suegros les recibieron, les dejaron las llaves y les contaron cómo funcionaba el piso".

Tú a Madrid y yo a Dinamarca

Una de las preguntas que se hacen los usuarios antes de hacer un intercambio es cómo se establece la equivalencia entre la casa que se deja y la que uno va a utilizar. Violeta Díaz, de IntercambioCasas aclara que "no siempre hay equivalencia, sólo se busca cubrir una satisfacción". Por ejemplo, Ana se fue con su familia unos días a Lyon, pero tuvieron muy mala suerte con el tiempo y su familia de intercambio les ofreció volver sin contrapartida. Juan Manuel pasó unas vacaciones con su familia en un pueblo de Dinamarca en una casa preciosa a cambio de su piso en Madrid. Se sorprendió al ver que ganaba con el cambio. "Cuando se lo comenté a ellos, me dijeron que lo importante es que ellos querían conocer Madrid y yo Dinamarca. Me gustó esa filosofía". Para él su familia, acostumbrados a viajar, este también era su primer intercambio. "Tienes mucho más que en una casa rural. Garaje, coche, internet, adsl...Además, uno de los vecinos nos ofreció su bici porque él se iba de vacaciones".

Juan Manuel y su familia pudieron recorrer el país gracias al intercambio del coche, algo bastante común, aunque normalmente es lo que provoca más recelos. Para Diego este es el único punto de fricción "porque es fácil tener una avería gorda o tener un pequeño accidente. Pero a la vez lo hace muy cómodo".

Lo mejor de intercambiar tu casa

Quienes han utilizado el intercambio suelen repetir por la experiencia. Para Ana, lo mejor es que el intercambio de casa te da la posibilidad de elegir destinos que de otra forma no te planteas. "Con los intercambios recibes propuestas que no te habrías planteado. Te salen vacaciones sin planteártelo y además incluso puedes conseguir ubicaciones mejores que las de un hotel". Para Diego esto es como dejar la casa a un amigo. "A él le cuentas todo tipo de secretos, desde dónde está el radar a dónde se toma la mejor caña. Además, ellos te proponen hasta las rutas y te dejan información".

Además, todos ellos aseguran que resulta divertido ver la cantidad de ofertas que reciben. "Cada semana te llegan propuestas disparatadas, de las Bahamas, Panamá, de Marruecos, muchas de Estados Unidos", dice Diego. "No podemos aceptar todas las propuestas...hemos recibido muchísimas de Australia, por ejemplo, y otros destinos, aunque no siempre podemos ir", cuenta Ana, para quien lo mejor de esta opción es que además minimizas el coste pasas a formar parte de una comunidad. "El intercambio te involucra dentro del entorno en el que ellos viven".

¿Hay garantías por daños la casa?

Normalmente, la ley que impera en el intercambio de casas es la de la confianza mutua, ya que en realidad es como si se invitara a un amigo a casa. La mayoría de los usuarios cuentan que a través de los contactos, fotografías, llamadas de teléfono. Además, como relata Ana, hay una serie de reglas no escritas que son "de discreción y respeto de las cosas ajenas" y la más importante es dejar la casa en el mismo estado en la que ha sido encontrada. Aún así, hay algunas páginas web, como es el caso de http://www.intercambiocasas.com/ que ofrecen un seguro que incluye daños en la casa y cancelación de viaje que incluye en la cuota de pago anual del servicio. Además, según cuenta Violeta Díaz, representante de IntercambioCasas, si un usuario se excede y no respeta las normas, se decide eliminarlo de la red de intercambio.

El momento de entrar en una casa que no es la tuya

Llave en mano, llega el momento crucial. "Lo único malo que tiene es que hay cierta incertidumbre hasta que no abres la casa", cuenta Diego, aunque afortunadamente la sorpresa fue para bien, porque la casa superaba lo que habían imaginado. "Al principio estábamos expectantes. Las llaves de su casa las recogimos en un chino de 24 horas. Me dejó un montón de llaves, se las dejaba todo el mundo, y tuvimos que probar", relata Bettina, pero tampoco hubo sorpresas desagradables. Superado el momento más difícil sólo queda disfrutar de las vacaciones.

Los asiáticos aún se resisten

El intercambio de casas lo inventaron los anglosajones, sobre todo profesores con largas vacaciones y ganas de viajar. Los españoles somos relativamente nuevos en esto. Lo más demandado por un español suele ser en general ciudades europeas, como Londres, Roma, Amsterdam, y también Nueva York, donde el alojamiento suele ser muy caro. Pero cada vez buscamos más otros lugares, como México, Caribe, Canadá, Australia y lugares de Estados Unidos como California o San Francisco. Mientras, a España llegan sobre todo anglosajones en busca de sol, aunque Madrid y Barcelona comienzan a estar cada vez más solicitadas. Quienes aún se resisten a este tipo de intercambios son los asiáticos. Hacer un intercambio con Japón o China todavía es difícil. Son culturas en las que esta forma de viajar aún no ha penetrado.

Por libre, otra opción

La experiencia de Bob y Joanne no es la típica del intercambio. Este matrimonio de jubilados de Nuevo México viaja a España todos los años y en uno de sus viajes conocieron a una pareja que quería visitar unas tierras que recibieron como regalo de boda 40 años atrás y que nunca habían pisado. El regalo estaba muy cerca de la casa de Bob y Joanne, así que les ofrecieron alquilarla, pero finalmente cuajó el plan del intercambio. Bob y su mujer pasaron un mes en Montreaux, Suiza. Los Prochnow recomiendan la experiencia, todo salió a pedir de boca y aunque todavía no han repetido, no lo descartan.

ALGUNAS WEBS DE INTERCAMBIO DE CASAS

Más información