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EL VIAJE DE...

Fado y vida en Alfama con Ana María Matute

La escritora barcelonesa dibuja un mapa para disfrutar la esencia de la cultura lusa

SERGIO SAUCE 5 MAR 2009 - 11:24 CET

Subiendo la Rua de Santa Cruz do Castelo se llega al Castillo de San Jorge, cumbre del barrio de Alfama. Lisboa es el refugio que elige Ana María Matute. No ha sido una decisión fácil. Ella, viajera infatigable, presume de haber dado tantas vueltas al mundo como sus 82 años han dado de sí. En cada lugar ha sido tan bien recibida que cuesta escoger uno sólo. Pero la capital lusa "respira otro aire" y "la amabilidad y cercanía de su gente" acaba por vencer la balanza.

"Alfama sabe a fado", la expresión artística portuguesa más internacional. El fado es pena, música que nace del duelo y la aflicción y, sin embargo, Alfama "es auténtica felicidad". Esta contradicción bebe de las callejuelas de un barrio viejo que resiste a la modernidad en sus cafés, parapetado en el eco de la voz de Amália Rodrigues. Si el día es claro, desde lo alto de la colina sobre la que se asienta se puede ver toda la ciudad. "Es la madre de Lisboa", asegura la autora de Paraíso Inhabitado (Ed. Destino), su última obra.

La mejor forma de llegar a Alfama es cogiendo el tranvía 28 hasta la Rua de Sao Tomé. Allí, en el Mirador das Portas do Sol, uno puede llevarse la primera impresión de ese conjunto de casas dispares y heterodoxas que forman Alfama. La mezcla de colores que adornan su carismático aspecto es la carta de presentación de una ruta por la historia de Lisboa.

Otro mirador, el de Santa Luzia, en la Rua do Limoeiro, da la bienvenida al estuario del Tajo, la inmensa desembocadura que baña el borde de la capital lusa. Desde este punto también se contempla la cúpula de Santa Engracia, "una de las joyas arquitectónicas de la ciudad", que aguantó los envites del terrible terremoto que asoló la ciudad en el siglo XVIII. Se sube a pie, en un esfuerzo por escalar callejuelas difíciles de recorrer en transporte mecánico.

A sólo unas calles de distancia se alza otra majestuosa construcción, el Monasterio de Sâo Vicente de Fora. Justo detrás de él, en el Campo de Santa Clara, se organiza A Feira da Ladra, "el mercado de la ladrona", que recibe su curioso nombre del bullir del negocio turbio que en él imperaba en el pasado.

Para comer o cenar, hay muchas opciones. Todas se enfocan, eso sí, en el arte de la pesca. Como la Taverna do Embuçado (Beco dos Curtumes, 10), un pequeño restaurante inspirado en la tradición culinaria portuguesa y el fado, o Páteo 13 (Calçadinha Santo Estevão, 13), que tiene una terraza perfecta para el verano.

Trasladarse a Alfama "es un viaje al pasado y al alma" de una ciudad que palpita recuerdos. Las calles empinadas, cuesta arriba-cuesta abajo, otorgan a este barrio una atmósfera en la que cada paso parece descubrir algo nuevo. No hay plano que sirva para recorrer este arrabal, sólo la intuición, el apetito y, quizás, "el consejo despistado de algún amable paisano".

Más propuestas e información práctica en la Guía de Portugal

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Tejados de Alfama desde el mirador de Santa Luzia. Al fondo, el Tejo. / J.PASTOR

La escritora Ana María Matute. / JOAN SÁNCHEZ

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