F. G. 23/12/2006
Una de las últimas incorporaciones al catálogo de Cantabria infinita, que promueve el Gobierno de la región, es una casona de sillería recia que duerme en el valle de Buelna, en plena reserva natural del Saja. Su propietaria, Luz Moneo, se ha entregado con pasión al restauro de un palacio construido en los albores del siglo XVII por la familia García de Bárcena y Quijano. Dicen que Alfonso XII descansó en él durante su visita a la cueva de Hornos de la Peña. El hotelito, de 17 habitaciones, emerge en medio de una finca acharolada de hierba de tres hectáreas que sirve de asiento a dos casas unidas por un arco de sillería. Su decoración cumple los preceptos rústicos que distinguen al club de calidad cántabro. Áticos sencillos, habitaciones familiares y algunas dobles muy especiales con paredes de piedra vista, doseles, cabeceros de forja y las inefables gavillas como centros de mesa. Encajadas en un esquinazo del baño, algunas de estas alcobas ofrecen bañeras redondas frente a la pradería.
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